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Artikel des Tages · 24.06.2026 08:11

Aires acondicionados contra el calor – y contra la realidad

Francia está experimentando un verano de calor de dimensión histórica. Temperaturas que superan los 40 grados, salas de emergencia saturadas y noches con calor tropical dejan claro que el cambio climático ya no es…

Francia está experimentando un verano de calor de dimensión histórica. Temperaturas que superan los 40 grados, salas de emergencia saturadas y noches con calor tropical dejan claro que el cambio climático ya no es una cuestión abstracta del futuro. En esta situación, el Rassemblement national (RN) se presenta como el partido del sentido común. La respuesta de Marine Le Pen y sus compañeros de partido a la ola de calor es: más aires acondicionados. Se propone que las escuelas, hospitales, residencias de ancianos y edificios públicos estén refrigerados a nivel general. La propuesta suena práctica, inmediata y comprensible. Por eso merece un análisis más detallado.

Nadie negará que los aires acondicionados son necesarios en determinados lugares. Quienes viven en residencias de ancianos, quienes son tratados en hospitales o quienes deben estudiar en escuelas bajo temperaturas extremas tienen derecho a protección contra riesgos para la salud. La cuestión no es si Francia necesita más refrigeración. La verdadera pregunta es si la refrigeración por sí sola puede reemplazar una política climática.

Precisamente en este punto se revela la debilidad del RN. El partido ha reconocido que ya no se pueden ignorar políticamente las consecuencias del cambio climático. Las imágenes de cis sobrecalentadas, paisajes secos y ríos evaporados se han vuelto demasiado presentes. Pero aunque ahora se acepta la realidad del calentamiento, la consecuencia política sigue siendo notablemente limitada. El RN habla de adaptación, pero casi no menciona la prevención. Trata síntomas, no causas.

Esta postura no es casual. Durante años el partido tuvo dificultades para aceptar los conocimientos científicos sobre el cambio climático. Aunque la negación abierta pertenece hoy al pasado, persiste cierta desconfianza hacia las conclusiones de la ciencia climática. Se acepta el calentamiento, pero sólo de forma selectiva sus implicaciones políticas. El resultado es una forma renovada de escepticismo climático: se reconoce el peligro, pero se rechazan muchas medidas que podrían limitarlo.

La demanda de un programa nacional de climatización destaca esta contradicción. Los aires acondicionados proporcionan un alivio a corto plazo. A largo plazo, sin embargo, aumentan considerablemente la demanda eléctrica. En cis densamente pobladas, a menudo empeoran el problema porque el calor residual que expulsan eleva aún más la temperatura del entorno. Desde una perspectiva individual, el aire acondicionado puede ser una solución. Desde la perspectiva social en su conjunto, es sólo un elemento entre muchos.

Por eso es fundamental la cuestión del suministro energético. Francia cuenta con un fuerte sector nuclear, pero la demanda futura de electricidad probablemente aumentará considerablemente, no sólo por la climatización, sino también por la electromovilidad, la digitalización y la electrificación de procesos industriales. Quienes quieran frenar o limitar la expansión de las energías renovables deben ser capaces de explicar cómo se cubrirá esta demanda adicional. En este punto, el RN se muestra notablemente vago.

No se trata de una disputa ideológica entre energía nuclear y eólica. Se trata del simple reconocimiento de que la adaptación al cambio climático requiere recursos. Refrigeración, suministro de agua, rehabilitación de edificios y modernización de infraestructuras exigen ingentes cantidades de energía. Quienes piden adaptación deben hablar también sobre las bases de esa adaptación.

Hay además otro aspecto. La atractividad política del aire acondicionado radica en su visibilidad. Los cinos sienten inmediatamente cuando un espacio está refrigerado. El efecto es inmediato. Otras medidas son menos espectaculares. La reforestación urbana, la eliminación de superficies impermeables, el mejor aislamiento térmico o una gestión inteligente del agua muestran su efecto a lo largo de los años. No generan titulares rápidos, pero suelen ser más sostenibles y eficientes desde el punto de vista económico.

La discusión toca así un problema fundamental de las democracias modernas. La política suele preferir soluciones que sean visibles a corto plazo. Las estrategias a largo plazo exigen inversiones, paciencia y la disposición a explicar complejidades. Con el cambio climático surge una tensión entre la comunicación política y la necesidad científica.

El RN intenta evitar este dilema. Presenta una respuesta sencilla a un desafío complejo. Pero la historia de la política ambiental demuestra que las respuestas simples rara vez son suficientes. Francia tendrá que adaptarse a temperaturas más altas. Necesitará más refrigeración, construir cis más resilientes y modernizar sus infraestructuras. Al mismo tiempo, deberá encontrar maneras de limitar las causas del calentamiento. Adaptación y prevención no son opuestos sino dos caras de la misma realidad.

Por eso, la actual ola de calor deja claro sobre todo una cosa: el debate político ha cambiado. La pregunta ya no es si el clima cambia. La pregunta es cómo las sociedades afrontan este cambio. Quienes apuestan exclusivamente por los aires acondicionados corren el riesgo de generar la impresión de capacidad de acción sin resolver el verdadero desafío. Francia necesita algo más que espacios frescos. Necesita una respuesta coherente para un siglo que será cada vez más cálido.

MAB

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