Artikel des Tages · 24.06.2026 09:57
Una confesión de asesinato después de dos décadas: resuelto el misterio de los muertos en el barril
Durante casi veinte años, el caso se consideró uno de los crímenes sin resolver más antiguos del este de Francia. Ahora, el asunto de una mujer cuyo cadáver fue descubierto a principios de 2005…
Durante casi veinte años, el caso se consideró uno de los crímenes sin resolver más antiguos del este de Francia. Ahora, el asunto de una mujer cuyo cadáver fue descubierto a principios de 2005 en un barril abandonado cerca de Saint-Quirin en el departamento de Mosela ha dado un giro espectacular. Según las autoridades, el esposo de la fallecida ha confesado haber matado a su esposa. Además, admitió haber asesinado también a su hijo en común.
La identidad de la mujer permaneció como un enigma durante muchos años. Cuando los paseantes hicieron el macabro hallazgo en enero de 2005, a los investigadores les faltaban pistas decisivas. Ni los informes de personas desaparecidas ni las indagaciones realizadas entonces lograron avances. El caso se convirtió en un llamado “Cold Case”, un crimen que permanece sin resolver durante mucho tiempo a pesar de intensas investigaciones.
Solo los métodos modernos de análisis de ADN lograron dinamizar el expediente. Gracias a nuevas técnicas genéticas, los investigadores consiguieron en 2025 identificar a la fallecida como Hakima Boukerouis. Con esta pieza clave, el esposo de ella, Saïd Lalaouna, pasó a ser el centro de las investigaciones. El hombre, hoy de 78 años, fue detenido en junio de 2025.
Los interrogatorios inicialmente fueron contradictorios. Según la fiscalía, el sospechoso intentó al principio echar la culpa a otra persona. Sin embargo, durante posteriores declaraciones modificó su versión. Finalmente confesó haber matado a su esposa en 2004 tras una discusión.
Resulta aún más impactante otra confesión. El hombre declaró a los investigadores que también había asesinado a su propio hijo. Este testimonio abre ahora una nueva línea de investigación y plantea numerosas preguntas. Las autoridades están examinando los antecedentes y tratan de reconstruir el curso exacto de los acontecimientos.
El caso demuestra de manera impresionante cómo se han desarrollado las posibilidades forenses en los últimos años. Lo que antes se consideraba casi imposible ahora puede reevaluarse gracias a tecnologías modernas de ADN. Repetidamente, rastros genéticos conducen décadas después de un crimen a víctimas o culpables hasta entonces desconocidos. Para los investigadores, estos avances suelen ser como buscar una aguja en un pajar, y a veces la aguja realmente aparece.
Aún no se han respondido todas las preguntas. Las autoridades francesas continúan con sus investigaciones y verifican cuidadosamente todas las declaraciones del sospechoso. Lo que ya está claro es que un caso que estuvo en la oscuridad casi veinte años de repente ha adquirido un rostro, y posiblemente también un culpable.
Por C. Hatty